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EL
CAPITAN VENENO
Pedro Antonio de Alarcón
1 - HERIDAS EN EL CUERPO
UN POCO DE HISTORIA POLITICA
La tarde del 26 de marzo
de 1848 hubo tiros y cuchilladas en Madrid entre
un puñado de paisanos que, al expirar,
lanzaban el hasta entonces extranjero grito de
¡Viva la República!, y el Ejército
de la Monarquía española (traído
o creado por Ataúlfo, reconstituido por
don Pelayo y reformado por Trastamara), de que
a la sazón era jefe visible, en nombre
de doña Isabel II, el Presidente del Consejo
de Ministros y Ministro de la Guerra, don Ramón
María Narváez.
Y basta con esto de historia
y de política, y pasemos a hablar de cosas
menos sabidas y más amenas, a que dieron
origen y coyuntura aquellos lamentables acontecimientos.
NUESTRA HEROINA
En el piso bajo de la izquierda
de una humilde pero graciosa y limpia casa de
la calle de Preciados, calle muy estrecha y retorcida
en aquel entonces y teatro de la refriega en tal
momento, vivían solas, esto es, sin la
compañía de hombre alguno, tres
buenas y piadosas mujeres, que mucho se diferenciaban
entre sí en cuanto al ser físico
y estado social, puesto que éranse que
se eran una señora mayor, viuda, guipuzcoana,
de aspecto grave y distinguido; una hija suya,
joven soltera, natural de Madrid y bastante guapa,
aunque de tipo diferente al de la madre (lo cual
daba a entender que había salido en todo
a su padre), y una doméstica, imposible
de filiar o describir, sin edad, figura ni casi
sexo determinables, bautizada hasta cierto punto
en Mondoñedo, y a la cual ya hemos hecho
demasiado favor (como también se lo hizo
aquel señor Cura) con reconocer que pertenecía
a la especie humana...
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